Lunes, 21 de noviembre de 2005

Volvió Andrés. Volvió
El Cantante.
Volvió Calamaro. A su segunda casa. A Madrid. Con la mejor respuesta posible, 14000 almas
llenando el nuevo
Palacio de los Deportes. Hiciera, lo que hiciera, tenía el
éxito asegurado. Pero es que además lo hizo perfecto.
Después de
desintoxicaciones, depresiones, pánicos escénicos, discos interminables, dimes y diretes, etc., volvió el maestro argentino a su otra casa. 6 años (
casi exactos!) sin tocar son muchos. Y se notó, a pesar de que duró 2 horas, más de lo acostumbrado en sus conciertos, se me hizo corto. Acostumbrado a muchos conciertos de
Él, 2 horas de AC eran pocas. Aunque mi garganta no hubiese podido aguantar tanto, ya me dolía de
berrear y gritar todas sus letras.
Primero llenamos la panza en
Los Torreznos (sin tapa) y nos perdimos en 2 grupillos hacia el nuevo Palacio, que por otra parte es espectacular, grandioso, con mejor acústica (aunque tampoco para tirar cohetes) y muy moderno. 5 minutos antes de empezar a toda prisa, hacia adelante, al mogollón, al meollo. Parecía que regalaban camisetas de Calamaro (la mía no), de Argentina, de Boca, de Independiente, buen rollo general. En la espera, sonaba
Dylan, sonaba
Shelter from the Storm, lógico, esperando lo que se avecinaba.
Iba de negro, elegante, con chaleco, como acostumbra si no se va por lo derroteros más rockeros. Le acompañaba la banda que le ha sacado del retiro,
Bersuit, sólo por eso merece la pena escucharles. A gran altura toda la noche. La parroquia calamariana coreó
El Cantante,
El Salmón y
Te quiero igual. Comienzo fuerte y contundente.
Las oportunidades, dieron paso a una de mis favoritas,
Clonazepán y Circo, para volver a imitar a Dylan en
Los aviones y acariciar la impresionante
Crímenes Perfectos. Para entonces nos tenía enganchados. Era demasiado. Nos mostró a ese
Loco por Madrid, dando las gracias por cantar con ese tema tan social y tan argentino como el
Vigilante Medio Argentino y pidiendo un recuerdo para los presos del mundo, pidiendo
La Libertad. Grande!
Apareció el
Niño Josele (genio!), compañero de su último disco, para tocar 2 tangos,
Por una Cabeza y
Sur. Nunca buen tanguista, siempre estos antojos se le perdonan, de lo contrario no sería AC. Aquí vino un descanso para mi gusto, para pasar a su
Estadio Azteca maradoniano intercalando versos del
Martín Fierro:
Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
Después volvería la vista a sus años de
Rodríguez, con la inmensa
Me estás atrapando otra vez (esperemos, que ya no!) que tan bien aparece en directo en el disco recopilatorio póstumo de Los Rodríguez. Parecía que
Julian Infante estaba pululando en el Palacio, transformado con la apariencia de Víctor Valenzuela. Una pena no ver a
Ariel, como los de
BCN o
Donostia, qué suerte tuvisteis!. Enlazó la rumbita
Para No Olvidar, para pasar por el
Desconfío tibio, antes de asegurar que
Nos Volveremos a Ver (esperemos, tomamos nota como decía Juncal!). Se aseguró las dos orejas y el rabo del respetable en
Medio Verónica (si no tenía los trofeos ya), para sacar del baúl su hit argentino
No se puede vivir del amor, y hacernos bailar con
No se puede vivir del amor (cierto en parte!).
La
traca final vino con una de las mejores canciones del extenso
El Salmón,
OK Perdón. Preocupado por
no desafinar como antaño, no se movía del teclado, gesticulando, actuando y señalando con la izquierda (como no iba a ser menos!). Pero llegó la
Alta Suciedad, y se puso a bailar, sólo con el micrófono, puesto que la banda se bastaba para acompañarle. Aquí hubiese preferido que tocase la guitarra como antes, el lado sucio y guitarrero de AC también es admirable. Nos presentó a su
Flaca, y nosotros respondimos cantando la melodía (lo, lololo, lolo, lololo, lololo, lololo, lololo, lo, ....) en un
ruido asquerosamente hermoso.
Después pudimos comprobar cuánto echábamos de menos a
Paloma, aunque
Iván Ferreiro nos la recordaba, no le llegaba a la altura. Lo sentimos. Aquí gritamos hasta perder la compostura, hasta el dolor, hasta sentir esa honestidad brutal. No seguir con
Mi enfermedad hubiese sido delito, y ya como los grandes. Parando sin irse, haciendo el bis continuo, sabemos lo que hay, no nos hagas un parón, grande Andrés! Acabamos
Sin Documentos, mi mejor canción en castellano. La mejor. Para qué más! Se despidió diciéndonos:
Son ustedes el mejor público que un cantante puede tener
No era peloteo. Estaba
abrumado. Volvió el Calamaro de siempre, cuando no se acordó del nombre del recinto; que sí, Andrés, que sí, el Palacio de los Deportes, el nuevo, le llenaste.
Se hizo corto, aunque no forzarle. Daba buenas señales.
Volverá. Estamos seguros.
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